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martes, 21 de mayo de 2024

El fiscal Khan y la credibilidad de la CPI

El fiscal Karim Khan de la Corte Penal Internacional (CPI) decidió ordenar el arresto del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y de su ministro de defensa Yoav Gallant acusándolos de presuntos crímenes de guerra y de crímenes contra la humanidad. El fiscal Khan también ordenó el arresto de varios cabecillas de Hamás. Ambas decisiones tienen como explicación el oportunismo judicial del fiscal Khan, quien está muy consciente de la falta de credibilidad de la CPI, instancia que tiene poco que mostrar como resultados concretos en relación a varios crímenes y violaciones contra los derechos humanos en la escena internacional. 

Ya lo había dicho Khan en una conferencia que dio en la Universidad de Ottawa en mayo de 2023 (mucho antes de la masacre perpetrada por Hamás en octubre de ese mismo año): está en juego la credibilidad en el sistema internacional de justicia si la CPI no actúa de forma contundente, como NO lo ha hecho en varios casos notables, tales como los crímenes cometidos por el presidente sirio Bashir Al Assad, o en las persecuciones y masacres contra los rohinyás en Birmania o los uigures en China.

El record de la CPI no es bueno. Khan no quiere pasar sin pena ni gloria por su cargo de fiscal. Tampoco ha sido muy eficaz en el caso de las acusaciones contra Nicolás Maduro y su séquito militar-civil acusados de toda clase de crímenes contra la humanidad (torturas, asesinatos selectivos, persecuciones, exilio de millones de venezolanos). A pesar de sus visitas a Venezuela y reuniones con el mismísimo Maduro, Khan no tiene nada concreto que presentar a las víctimas de la autocracia chavista.

La masacre del 7 de octubre y la respuesta defensiva de Israel contra Hamás y la Yihad Islámica Palestina abrieron las puertas para que Khan logre alguna visibilidad en la escena internacional y le de un empujón a la decaída credibilidad de la CPI. Y lo ha hecho con un juego de equilibrismo judicial que pone en la misma balanza a quien perpetra crímenes contra civiles (asesinatos, torturas, violaciones, secuestro de rehenes) y a un estado que se defiende con los medios legítimos que establece la ley internacional. 

Khan ha apostado por montarse en la ola de opinión que impulsan la izquierda woke y el radicalismo islamista. Lástima por los que teníamos alguna esperanza en la credibilidad de Karim Khan para pedir justicia por las víctimas del chavismo-madurismo. Con su decisión que pretende igualar a los miembros de un gobierno constituido democráticamente como el de Israel (aunque ese gobierno nos guste o no) y los terroristas que reivindican a pleno pulmón sus crímenes, ha terminado de enterrar su legado. Una verdadera lástima.

miércoles, 13 de diciembre de 2023

Al falso profeta Franco Berardi

Señor Berardi: Me tomo la libertad de escribirle por este medio. Hubiera preferido enviarle un mensaje privado, pero usted no tiene esa opción en Facebook y no tengo su correo electrónico. Usted dio una entrevista al periódico El País en la que afirmó: "Israel está muerto. Yo no viviré hasta el final de la década, pero tú sí, que eres joven [se refiere al periodista]. Ya me contarás". Después usted dijo: "tú sí que llegarás a 2030 y ya me dirás si existe Israel. De verdad que no lo creo, porque su proyecto ha sufrido un deterioro profundísimo, en primer lugar por culpa de ese nefasto individuo que es Netanyahu. Él no sobrevivirá al desastre que ha hecho y, al mismo tiempo, representa a un conjunto de fuerzas demasiado poderoso que impedirá que prospere cualquier alternativa de izquierdas, cosa que prácticamente no existe en Israel". Usted no aclaró en la entrevista qué quiere decir con que "Israel está muerto". ¿Qué pasará con los habitantes de Israel, especialmente sus habitantes judíos según sus cálculos proféticos? ¿Qué entidad sustituirá a Israel cuando "muera" el Estado judío? ¿Qué se imagina usted que reemplazará al país democrático que es Israel, a pesar de que a usted no le guste el gobierno de Netanyahu (como a muchos israelíes)? ¿Un fantasioso estado palestino "democrático" como tantos otros países árabes donde ya no existen judíos? Usted dijo también que en Israel ya no hay alternativa de izquierdas y no cree que pueda prosperar una en un futuro próximo. No explicó en la entrevista qué quiere decir "alternativa de izquierdas", pero me imagino que usted sí tiene esperanza que habrá una alternativa de izquierdas del lado palestino, justamente entre los fundamentalistas asesinos de Hamás y la muy corrupta Autoridad Nacional Palestina. Yo espero que su profecía no se cumpla. Estoy seguro que Israel vivirá. Espero también que a pesar del rechazo histórico del liderazgo palestino de llegar a un compromiso de convivencia entre dos estados (rechazo que tiene varios hitos en 1947, entre 1948 y 1967, y en las negociaciones que siguieron a los acuerdos de Oslo), se pueda lograr una solución que permita a judíos y palestinos vivir en sus respectivos estados soberanos en el territorio que unos llaman la Tierra de Israel y otros Palestina. Otros pretendidos profetas como usted se han equivocado con respecto al pueblo judío. Los nazis quisieron cumplir su profecía a través del exterminio. El historiador Arnold Toynbee describió a los judíos como un "fósil". La misma existencia de Israel, que tanto importunaba al propio Toynbee, contradecía su idea del "fósil". El sionismo y el posterior nacimiento del Estado judío significó el renacimiento de la lengua hebrea, la expansión de la cultura judía, la consolidación de la soberanía judía en su tierra ancestral, el desarrollo de la agricultura y la tecnología, y la integración, no sin dificultades, de millones de inmigrantes de todas partes del mundo, incluyendo a los sobrevivientes de la Shoá. Señor Berardi, las palabras tienen un peso. No se trata simplemente de jugar al profeta. Lo que usted ha dicho sobre el futuro de Israel no es solo una "ocurrente ligereza" que se suelta en una entrevista casual. Hoy en día, sus palabras son casi un llamado a la desaparición del país de los judíos, lo que sin duda implicará más guerra y más muertes. Estoy seguro que fracasará en su papel de profeta. Shalom, Isaac Nahón Serfaty Universidad de Ottawa inahonse@uottawa.ca

domingo, 26 de noviembre de 2023

The poster wars

There is another war going on along the one Israel is fighting in Gaza against Hamas. It is a war, fortunately, without the loss of human lives that unfortunately is taking place in Gaza. But this war is revealing the mindset of a certain public opinion in several countries around the world. Videos circulate on social media of people walking through the streets destroying posters with photos of women, men, babies, girls, boys, grandmothers, young women, both Israelis and other nationalities, kidnapped by Hamas. The poster rippers behave with such fury that it seems that they are in a crusade for the “mental hygiene” of the world, which should not confront the reality according to which Palestinian terrorists took more than 240 hostages to use them as currency of exchange and blackmailing after the massacre of October 7 (fortunately some of them have been freed now, including Israeli and non-Israeli hostages). 

The poster campaign was created by two Israeli artists who were in New York for a three-month creative residency when war broke out. The initiative took flight and multiplied in several cities and several languages. It became a global movement, just as the war launched by the poster rippers is global. The scenes of dedicated anti-poster militants come from different cities in the United States and Europe. I saw posters torn down in the streets of Montevideo and Buenos Aires, on a recent trip I took to the south. Why do they do it? Although they do not give explanations when they are recorded at work, there is in the faces of these crusaders of the anti-Zionism (anti-Jews?) a conviction that they are doing what is right (I also saw posters explaining/justifying the massacre committed by Palestinian Islamists on October 7, like this pamphlet at the University of the Republic in Montevideo).

I can think of two explanations for so much anger against the papers stuck on walls and posts. One of them has to do with what they consider the fight against “Israeli propaganda”, a duty that they have imposed on themselves to erase everything that indicates that Hamas and Islamic Jihad are criminal organizations. They are the same ones who question that on October 7, Palestinian organizations perpetrated a pogrom against Jews and those who lived with them in kibbutzim, in Sderot and at the music festival, murdering, torturing and raping. They are those who argue whether or not it was really the 40 or so beheaded babies (the cynical calculation of horror), or those who say that there is no evidence that Palestinian terrorists have sexually assaulted young Jewish women. How are you going to believe Israel and the Jews? they ask as they go around the world destroying posters with the faces of the kidnapped people.

Who cares about Israeli hostages?

There is another explanation that is even more sinister. Israelis kidnapped? Who cares about 240 Israeli kidnapped if there are hundreds of Palestinian prisoners in Israeli prisons? This is how they trivialize everything. Twelve hundred dead in Israeli territory on October 7? Already in Gaza there have been more than 12,000, according, of course, to figures from the very “credible” Hamas Ministry of Health. Jewish suffering? Nobody cares, because Gaza is the largest concentration camp in the world (one can doubt this statement by seeing the hospitals within the strip, hospitals being used as operations centres by Hamas, look well-built and equipped). But Israel is destroying Gaza, they will say. They prefer to forget that Hamas and Islamic Jihad dedicated themselves to building a network of tunnels under buildings, schools, hospitals, and that they used a good part of the resources they received from Qatar, Iran and other countries to manufacture rockets, obtain weapons and maintain a constant bombardment of Israeli cities and towns.

According to the arithmetic of poster rippers, the lives of Israelis and Jews are worth less than any other. According to them, the life of a “settler” (they use the same language by Hamas to refer to those murdered and kidnapped on Oct. 7) deserves to be obliterated if it is to end the oppression of the Palestinian people. Have they murdered civilians? They will say that many of them are reserve soldiers of the Israeli army, that the boys and girls will grow up and do their military service, and that the mothers and grandmothers gave birth to such “colonizing Zionists.”

One aspect that draws attention to this global crusade against paper posters is that it is taking place in the real world (on the streets, against printed materials), and not only on virtual social media and the Internet. It is as if print paper conveys powerfully what images on digital platforms cannot. What are poster destroyers afraid of? Why do people walking along avenues, university campuses and pedestrian streets should not see the faces of the Hamas terrorists' hostages? Because these hostages are no longer a simple numerical abstraction (240)? It bothers them that those are the faces mothers, grandmothers, children and babies? Or are they the living proof that Hamas and Islamic Jihad are death cults that have little regard for human lives, even those of the Palestinians themselves, whom they use as shields in their holy war?

The good thing about this poster war is that the masks of progressivism are falling. We have seen their faces thanks to those who have been in charge of documenting the dedicated paper destroyers on video. They are quite diverse: women, men, young and not so young, students, doctors and other professionals. The war in Gaza freed them from the hypocrisy of maintaining the friendly face of one who accepts everyone, very pro-diversity and inclusion. All well and good until it comes to Israel and the Jews. This war gave them the perfect excuse to use their sharp nails to tearing down posters in the streets, with such passion that each little piece of destroyed paper exudes the hatred that motivates them.


domingo, 16 de mayo de 2021

Sobre una foto de un palestino herido en Gaza y Jesús muerto en brazos de María

La leyenda de la foto de la agencia de noticias AP que llega desde Gaza dice (traduzco del inglés): “Rescatistas palestinos extraen a un sobreviviente bajo los escombros de un edificio residencial después de los bombardeos mortales de la aviación israelí en la Ciudad de Gaza, el domingo, 16 de mayo, 2021. Los bombardeos aéreos destruyeron tres edificios y mataron al menos a 26 personas el domingo, dijeron paramédicos, lo que lo hace el ataque más mortal desde que fuertes combates comenzaron entre Israel y los gobernantes del territorio, el grupo militante Hamas, hace ya casi una semana (Foto de AP/ Khalil Hamra)”.
Esta foto provocó el siguiente comentario en Twitter de la profesora MarujaTarre, reconocida internacionalista y politóloga venezolana: “Aunque se ponga furioso quien se quiera poner, este es el rostro lleno de dolor, de Jesús”. 

Vamos a analizar lo dicho por la profesora Tarre. Primero, siente la necesidad de hacer una aclaratoria antes de afirmar la impresión que le ha causado la foto. Probablemente se estaba refiriendo a discusiones  que ha sostenido por Twitter con algunas personas (incluyéndome) debido a comentarios que hizo sobre la política del gobierno israelí y del conflicto con los palestinos. Pero en su advertencia también está la clara conciencia (ella conoce muy bien la historia de las relaciones entre cristianos y judíos) que su referencia a Jesús tiene otras implicaciones al referirse al Jesús de la pasión y muerte cuando se habla de una imagen que muestra a un palestino herido por los bombardeos del Estado judío. 

¿Expresa la profesora Tarre un sentimiento antijudío en su comentario? No necesariamente. Sin embargo, ni la historia ni la cultura (lo que incluye a las religiones) se borran tan fácilmente del inconsciente de las personas y de los colectivos. La tentación de referirse a Jesús en el marco del conflicto israelí-palestino es muy grande. Primero, Jesús nació, vivió y murió (y para los creyentes, resucitó) en la tierra donde se producen estos enfrentamientos. Segundo, Jesús era judío por nacimiento (nació en Belén que queda en Judea) y por religión (aunque algunos hoy prefieran llamar a Jesús “palestino”). Tercero, Jesús tuvo un enfrentamiento con las autoridades religiosas judías de su época, lo que según los relatos de los Evangelios condujo a su condena y crucifixión por parte de la autoridad política imperial romana. 

La teología cristiana se fundó en la premisa según la cual los judíos no aceptaron al Salvador, y que, peor aún, lo rechazaron, entregándolo a los romanos para que lo mataran. Eso implicó que la antigua alianza, la que Dios había sellado con Abrahán y sus descendientes, quedara anulada, y que una nueva alianza había nacido con la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús, el Mesías e Hijo de Dios, según la creencia cristiana, adoptada después por el Imperio Romano como religión oficial. Lo que vino después es conocido. Una larga historia de persecuciones, masacres y humillaciones cometidas por cristianos contra los judíos en nombre de su religión del amor. 

Volvamos a nuestra imagen. La profesora Tarre dijo que el hombre palestino rescatado de los escombros le recordó a La Pieta de Miguel Angel, la escultura que presenta a María con su hijo muerto en sus brazos. Esta escultura es una imagen de una gran fuerza expresiva y estética, pero sobre todo condensa un mensaje teológico: la Virgen María comunica el dolor de la Madre de Dios ante el cuerpo sin vida de su hijo, que ha sido sacrificado para salvar a la humanidad. Y de forma arquetípica también comunica el dolor de toda madre ante la muerte de un hijo. 

En la mente de la profesora Tarre se hizo la siguiente asociación: palestino herido rescatado de los escombros = Jesús muerto en los brazos de María. También podría hacer invocado muchísimas otras imágenes del arte europeo donde aparece Jesús sufriendo en la cruz o ya muerto sobre la loza en la que lavaron su cuerpo antes de llevarlo a la cueva donde habría resucitado tres días después. El palestino que se ve en la foto de AP tiene características que lo asemejan a la iconografía cristiana de Jesús. Es delgado, tiene barba, el pelo largo, y lleva sobre su cuerpo los "estigmas" de las heridas provocadas por el bombardeo israelí. 

A la asociación que hizo la profesora Tarre le faltó un eslabón que resulta bastante obvio para cualquiera que conozca un poco la historia del cristianismo y de sus relaciones con los judíos: palestino herido = Jesús muerto = ambos son víctimas de los judíos (antes y ahora). Es probable que la profesora Tarre no haya querido llegar tan lejos con su breve comentario, pero la advertencia que hace antes de presentar el paralelismo con Jesús expresa lo que en francés se denomina “qui s’excuse, s’accuse” – quien se excusa, se acusa. 

En ocasiones lo que comunicamos tiene dos niveles de lectura: uno explícito y otro implícito. El explícito en este caso, es que la profesora Tarre anuncia que va a decir lo que piensa sin importarle la reacción de quienes se puedan sentir ofendidos. El implícito es que “si a los judíos no les gusta, igual lo voy a decir”. Y después de hecha la aclaratoria va su comentario central: el palestino es igual que Jesús, lo que implica en el imaginario de mucha gente (especialmente los formados como cristianos) “el mismo Jesús que los judíos crucificaron”. 

Problemas factuales, implicaciones simbólicas 

En la asociación explícita e implícita que ha hecho la profesora Tarre con su comentario hay varios problemas. Uno es factual. No sabemos todas las circunstancias que rodearon al palestino herido. Como dije anteriormente, su apariencia se asemeja a representaciones clásicas al Jesús de la Pasión o muerto, pero desconocemos su identidad, de dónde fue rescatado, qué hacía en ese lugar (¿vivía allí? ¿trabajaba allí? ¿es una víctima civil o un combatiente?). Se me dirá que igual es un ser humano que sufre, sea cual sea su papel o su situación con respecto al conflicto. Es cierto. Pero en el terreno simbólico, a pesar de que la imagen de AP es la de una persona herida, su “cristificación” tiene una serie de connotaciones. Una de ellas es religiosa, pues como dijo la propia profesora Tarre, para los cristianos allí donde hay una persona que sufre está Jesús. Y otra es política (o si se quiere histórico-política): los judíos (representados por el Estado de Israel) vuelven a matar a Jesús cuando matan a los palestinos en Gaza. Un comentario al margen, pero relevante para este análisis, es que otra imagen que produce un efecto similar en muchas personas es la del cadáver del Ché Guevara rodeado de militares bolivianos. Allí también se dio un proceso de “cristificación” del Ché como héroe revolucionario.
Estos comentarios en Twitter no se dan en un contexto de simple asociación con la iconografía religiosa cristiana. Se dan en un marco en el que se ha registrado un incremento de expresiones antijudías por el conflicto entre Israel y los palestinos. Esos comentarios vienen tanto de la izquierda como de la extrema derecha, además de los islamistas. Y aunque no sea el caso de la profesora Tarre, el clima de opinión provocado por este conflicto lleva a que muchas personas cuestionen la existencia misma del Estado de Israel, carguen toda la responsabilidad sobre los judíos israelíes, tiendan a olvidar las posiciones extremas de Hamás que niega el derecho de los judíos a ejercer alguna soberanía sobre ese territorio (aunque sea parcialmente), e ignoren que los islamistas palestinos en Gaza se han armado con la ayuda de Irán y de otros factores para una guerra de largo aliento con Israel, lo que implica el bombardeo con cohetes, morteros y misiles cada vez más sofisticados contra los civiles israelíes. 

La tentación de hacer paralelismos religiosos en este conflicto que se escenifica en Tierra Santa está a flor de piel. Solo basta una imagen con un alto poder emocional, como la de AP, para evocar a una figura con tanta carga simbólica como Jesús. Otros podrán pensar en los mártires que se sacrifican por una causa "noble y superior", especialmente los islamistas. Algún judío podría asociarlo con la rivalidad  bíblica entre Isaac e Ismael, ambos hijos de Abrahán, que tuvieron sus diferencias desde que eran niños. Estas asociaciones son peligrosas. Contribuyen a reforzar prejuicios y estereotipos, que son, de alguna forma, responsables de resentimientos que no ayudan a superar los conflictos.

PS: El estudio de imágenes en la propaganda terrorista, la política y la salud pública es parte de un programa de investigación que inicié hace ya unos años sobre el papel de las emociones y lo sensible (referido a los sentidos) en la comunicación pública. Publiqué un primer libro sobre el tema intitulado Strategic Communication and Deformative Transparency. Persuasion in Politics, Propaganda, and Public Health (Routledge, 2019). También publiqué un artículo de mi investigación sobre el uso de imágenes con connotaciones religiosas en la comunicación política de Hugo Chávez. Ahora estoy trabajando en un análisis de representaciones visuales de la naturaleza y de los animales no humanos en los discursos ambientalistas y animalistas.  

martes, 29 de mayo de 2018

Gaza e Israel: política, teatro y amnesia


* Ni el portal web de Letras Libres ni El País quisieron publicar este artículo. El editor de Letras Libres me explicó que el texto que escribí se alejaba de la línea  "moderada y cautelosa " que esa publicación mantendría con respecto al conflicto entre Israel y los palestinos. El País dijo que tenía demasiados artículos y que no contaba con espacio para publicar el mío.

Mahmoud al-Zahar, co-fundador de Hamás:
“cuando hablamos de ‘resistencia pacífica’ estamos  engañando al público…
Esto es resistencia pacífica apoyada por una fuerza militar y por agencias de seguridad..."

La política tiene mucho de teatro. Esto no es una novedad, pero ella adquiere un talante espectacular en estos días de redes sociales, periodismo ciudadano y dominio de las imágenes omnipresentes como factor que moldea la opinión pública. Dos eventos que se ubican en polos opuestos, aunque son parte de la misma tragedia sobre la que escribiera el historiador y diplomático Shlomo Ben- Amí,  ilustran bien la explosión dramática de la política. El primero es la presentación que hiciera el primer ministro Benyamín Netanyahu de los documentos nucleares iraníes supuestamente recabados por el Mossad. El otro es la reciente ola de violencia en la frontera entre Gaza e Israel. En ambos casos se ha impuesto una razón estratégica con el fin de crear un efecto de opinión que apuntale agendas políticas. Netanyahu montó su calculada puesta en escena para darle un argumento adicional a Donald Trump con el fin de romper el tratado que Obama había firmado con Irán. Hamás, el movimiento islamista que gobierna la franja de Gaza, convocó a la movilización masiva hacia Israel, en lo que han denominado la “marcha del retorno”, con el fin de poner el tema palestino en la agenda internacional, después que había sido desplazado a un tercer plano por otros asuntos como la guerra en Siria y las tensiones con Irán.

La opinión pública no siempre valora las cosas de la misma manera. Medios de comunicación, periodistas y articulistas han rápidamente reaccionado ante la violencia en la frontera gazatí-israelí, asumiendo como una verdad absoluta el relato que de las protestas ha hecho Hamás, mientras que han sido más escépticos con respecto a lo planteado por Netanyahu sobre las ambiciones nucleares de Irán. Muchos medios han repetido que las movilizaciones de los palestinos en Gaza serían una muestra de “protestas pacíficas” al estilo de las que convocaron en su momento Gandhi en la India o Martin Luther King en los Estados Unidos. Esto lo ha desmentido el propio cofundador de Hamás, Mahmoud al-Zahar, quien ha dicho en una entrevista con Al Yazira que “cuando hablamos de ‘resistencia pacífica’ estamos  engañando al público…Esto es resistencia pacífica apoyada por una fuerza militar y por agencias de seguridad”(pueden ver la entrevista aquí).  Es decir, la movilización masiva “pacífica” de palestinos hacia la frontera con Israel sería la continuación de la guerra por otros medios, no solo para infiltrar el territorio israelí y cometer actos terroristas, sino para ganar una guerra de propaganda en la que lamentablemente muchos habitantes de Gaza, probablemente desesperados ante las difíciles condiciones de vida en la franja, son usados como peones de los islamistas.

Hay, sin embargo, otros factores que influyen en las lecturas que se hacen de los lamentables sucesos en Gaza y de la presentación de Netanyahu, y éstos tienen que ver con la antipatía que suscita Donald Trump. Si la política es teatro, los espectadores juzgan por sus gustos y afinidades. Trump cae mal a muchos periodistas y articulistas por su discurso agresivo, su chocante machismo, sus decisiones impulsivas, los obvios conflictos de intereses entre sus negocios y su papel como presidente y el de su familia en su gobierno, sus posiciones que a veces bordean el racismo, y también, hay que decirlo, por su apoyo incondicional al gobierno de derechas que encabeza Netanyahu en Israel. Estas valoraciones que se hacen de Trump, y de alguna manera del proprio líder israelí, tienden a producir ataques de amnesia selectivos en quienes juzgan las decisiones y acciones de estos gobernantes. Olvidan, por ejemplo, que los líderes de Irán han declarado que su objetivo es borrar a Israel del mapa, o que hace algunos años mandaron a sus agentes hasta Buenos Aires para volar la sede de la organización judía más importante de ese país en un atentado en el que murieron 85 personas, o incluso que el gobierno iraní asumió como política oficial el negacionismo del Holocausto con el fin de legitimar su propio discurso antisemita disfrazado de antisionismo. 

También las antipatías hacen olvidar que Hamás en un documento de 2017, en el que reafirma los principios de su carta de 1988, declara que “el establecimiento de ‘Israel’ (sic) es completamente ilegal y contraviene los inalienables derechos del pueblo palestino y van contra su voluntad y la voluntad de la Ummá (la nación islámica) …”, que  “rechaza cualquier alternativa a la completa y total liberación de Palestina, desde el río (Jordán) hasta el mar (Mediterráneo)”, aunque de forma táctica considera - sin renunciar a su rechazo de lo que llama ‘la entidad sionista’ y sin renunciar a ninguno de los “derechos de los palestinos” - “el establecimiento de un estado palestino soberano e independiente, con Jerusalén como su capital en las fronteras del 4 de junio de 1967 (antes que estallara la Guerra de los Seis Días) …”.

Hamás ha fracasado en mejorar la situación de los palestinos en Gaza. Desde que Israel se retiró de la franja en 2005, el movimiento islamista controla el gobierno del territorio palestino después de cruentos enfrentamientos con la fracción de Al Fatah, que preside la Autoridad Palestina en la Margen Occidental del Jordán. La reconciliación entre los dos grupos palestinos no termina de concretarse, aunque se hayan dado acercamientos promovidos por Egipto. El liderazgo de Hamás vive una crisis que pretende tapar usando, como lo ha hecho antes, a la población civil como escudo contra Israel. Es necesario refrescar la memoria de vez en cuando, para no caer en las trampas de la política como teatro.