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jueves, 9 de diciembre de 2021

miércoles, 1 de diciembre de 2021

Rompe Babel: obra de radio teatro en Internet explora los dilemas morales de la sociedad de la híper-comunicación



El relato de la Torre de Babel, aquel proyecto utópico en el que la humanidad hablaba un mismo idioma, se entendía perfectamente, e intentó llegar a los cielos para librar una batalla en las alturas contra Dios y evitar otro Diluvio Universal, tiene una gran resonancia hoy en día en nuestra sociedad de la híper-comunicación. 

Isaac Nahón Serfaty ha retomado el relato bíblico de la Torre de Babel y lo ha convertido en una obra de radio teatro en la que dos de los maestros constructores del llamado “pilar de la Tierra”, Jam y Péleg, dialogan sobre su proyecto faraónico para controlar la naturaleza y el tiempo. La obra Rompe Babel reproduce las conversaciones entre estos dos personajes, falsos sobrevivientes, traficantes de palabras, constructores de imperios aéreos, murmuradores.

Isaac Nahón Serfaty ha grabado la obra en colaboración con Alexander Barrios (narrador), José Baig (Péleg), Roberto Madrigal (Jam), Ernesto Schmied (música y diseño de sonido), y la aparición especial de Paulina (en el último capítulo). 

La obra está disponible para la escucha de forma gratuita aquí: https://rompebabel.blogspot.com/





jueves, 21 de octubre de 2021

Leer no es siempre comprender


Trabajo y escribo en tres idiomas: castellano, francés e inglés. En los tres debo cometer errores, pero en general trato de comunicar lo que quiero decir de la forma más clara posible, incluso cuando le doy un giro irónico a lo que escribo. Observo, sin embargo, que tengo con frecuencia un problema: la gente no entiende lo que escribo o, mejor dicho, entiende algo distinto a lo que he escrito. 

Un ejemplo. Un estudiante me pregunta donde puede leer el capítulo del manual del curso para una ficha de lectura. Le digo que en el syllabus está el link para acceder al manual del curso que está disponible de forma electrónica en la biblioteca de la universidad. Dice que no lo ha visto, aunque está allí desde que comenzamos el curso la primera semana de septiembre. Asumo dos posibilidades: nunca leyó el syllabus o, si lo leyó, pasó de largo esta parte claramente redactada en francés donde dice “este es el manual del curso que está disponible electrónicamente en la biblioteca, etc. Aquí está el link…”.

Otro caso. Envío un email a colegas y amigos recordándoles que el miércoles de 3 de noviembre a la 1 pm (hora de Ottawa) estaré conversando (en inglés) por Zoom con el matemático Leo Corry, profesor de la Universidad de Tel Aviv, sobre la importancia de las humanidades de la era de la tecno-ciencia. Una persona con la que hablo por teléfono me dice que “hoy” (eso fue ayer miércoles 20 de octubre) no podrá asistir a mi conversación con el Profesor Corry. El email dice claramente el miércoles 3 de noviembre.

Otra anécdota. Organicé una charla por Zoom con mi amigo y colega Donn Tilson. En la invitación decía (en inglés) "inscríbase aquí" para asistir al evento. Recibí varios emails y mensajes de personas que me preguntaban: “¿dónde me inscribo para asistir a la charla?”. Envié recordatorios con la misma indicación. De nada sirvió.

Un ejemplo más. Escribo de forma irónica que el chavismo sigue en su labor de ecocidio “a paso de vencedores”, ahora que Maduro anunció la construcción de la primera ciudad comunal en el parque nacional El Ávila, la gran montaña que le da oxígeno y alegría a Caracas. Alguien me escribe que con esa expresión chavista estoy diciendo todo lo contrario de lo que quiero decir. ¿No se entendió la ironía? Pues parece que no.

Podría presentar muchos otros casos de comunicación escrita fallida, ya sea en Twitter, Facebook, en un blog, en una instrucción para un trabajo de los estudiantes, en un mensaje por Whatsapp. La claridad del contenido no garantiza la comprensión del mensaje. Parece que esto es todavía más evidente en la era de las plataformas digitales. Hay algo que estamos perdiendo en los textos escritos y leídos en las pantallas de las computadoras, tabletas y teléfonos.  ¿Cómo explicar este fenómeno de “incomunicación”? No tengo respuestas, pero las evidencias me indican que algo se está perdiendo en las pantallas. 

martes, 8 de enero de 2019

Notas sobre lo grotesco y lo kitsch (1)


El enfoque que proponemos para abordar el estudio de las imágenes y las emociones en diferentes estrategias de comunicación parte de la consideración de dos extremos: lo grotesco y lo kitsch. Creemos que al estudiar estas dos polaridades de lo visual y los afectos asociados con ellas, podemos dar cuenta de cómo se configura una economía de las emociones y de lo sensible en el ecosistema de los medios digitales.

Entendemos por visualmente grotesco todo aquello que refiere a una materialidad degradada (deformada, enferma, decadente, muerta), especialmente en relación al cuerpo humano o de otras especies animales.

Por visualmente kitsch, comprendemos todo aquello que interpela a la audiencia a partir de los códigos del sentimentalismo y de una sobresaturación de lo sensible (de allí, su asociación con lo empalagoso).

Lo grotesco y lo kitsch comparten características. Se fundamentan en la exuberancia o abundancia material y simbólica (sus rasgos icónicos son recargados o exagerados), son “anormales” (es decir, contradicen la norma según ciertos criterios de lo bello o lo bueno), y pueden resultar atractivos o llamativos para un gran número de personas (justamente por la repulsión o sentimentalismo que suscitan en el público).

Al ser extraordinarios (en el sentido de “fuera de orden”), lo grotesco y lo kitsch rompen con una cierta monotonía del paisaje mediático, y aparecen como “datos emergentes”, aunque que sea por un instante, logrando destacar en el abigarrado flujo de imágenes, textos, sonidos e impresiones que circulan en el ecosistema digital.

Lo grotesco y lo kitsch permiten reforzar lo estratégico en la comunicación pública, ya sea en sus expresiones de marketing, propaganda o relaciones públicas, pues gracias a sus tonos afectivos son capaces de llamar la atención, suscitar un sentimiento, provocar la reproducción (i.e. “viralización”), disparar una conversación y orientar una valoración moral.

Ambas expresiones estéticas movilizan pasiones (a veces en su acepción patética) que pueden conducir a la elaboración cognitiva sobre el objeto, situación, persona o asunto asociado con la imagen grotesca o kitsch. Es por su carácter chocante o sentimental (i.e. cursi) que ambas categorías estéticas rompen con la distinción entre emoción y razón, o cuerpo y mente, mostrando cómo lo sensible y lo cognitivo forman una unidad.

Lo grotesco y lo kitsch conducen de lo estético a lo ético, sobreponiendo el problema del gusto (en el sentido de la apreciación sensible) con el de la evaluación moral (en los planos normativos y de los valores).

Por sus tonos “escandalosos” o desmesurados, lo grotesco y lo kitsch puede promover valoraciones extremas en lo moral (adhesiones o rechazos apasionados). Justamente, la desmesura de ambas formas estéticas contrasta con lo sublime o incluso lo que produce sobrecogimiento o admiración reverencial ante un cierto orden mesurado o equilibrado.

lunes, 23 de abril de 2018

El retorno de los brujos: propaganda, algoritmos afectivos y narcisismo cibernético


El escándalo alrededor del uso indebido de datos por parte de Cambridge Analytica y de Facebook en las elecciones de Estados Unidos recuerda los viejos debates sobre la propaganda y su capacidad de “violar las mentes de las masas” (le viole des foules), según la conocida expresión del estudioso del nazismo Sergei Tchakhotin. Decía Tchakhotin que las masas fueron objeto de una sofisticada maquinaria de manipulación que pudo, por medio del uso estratégico de la radio y del cine (los medios de masa del momento) y de grandes puestas en escena (los impresionantes desfiles y mítines del nazismo), tocar las fibras emocionales de los alemanes, sus "pulsiones básicas", en palabras del sociólogo ruso.

Leer más aquí.

martes, 21 de febrero de 2017

In Memoriam Mahmoud Eid


La semana pasada viví uno de los momentos más difíciles desde que llegué al Departamento de comunicación de la Universidad de Ottawa. Como una bofetada inesperada, brutal, recibí una noticia devastadora: mi amigo y colega Mahmoud Eid había fallecido de forma repentina. Pensé inmediatamente en su esposa, la también amiga y colega Aliaa Dakroury, y en sus tres hijos Yomna, Ahmed and Yassmin. Sentí un inmenso dolor. Traté de comprender lo inexplicable. Mahmoud era un joven académico, profesor dedicado a sus estudiantes, investigador polifacético y productivo, y, sobre todo, un ser humano cálido, amable y hospitalario.

De todas esas cualidades de Mahmoud puedo dar fe, pues desarrollamos una colaboración de varios años en un gran proyecto en el área de la salud de la mujer, más específicamente en alianza con SenosAyuda, y Bolivia Bocaranda y todo el equipo de activistas en la lucha contra el cáncer de mama en Venezuela. A Mahmoud le hacía gracia que yo dijera que después de mí, él era el profesor en el departamento que mejor conocía Venezuela, a donde viajamos en cuatro oportunidades.

Mahmoud jugó un papel clave en este proyecto. Lo enriqueció con sus contribuciones sobre ética y comunicación (fue el artífice del Código de Ética de SenosAyuda), percepción de riesgo y prevención en salud, y su análisis sobre el papel de los medios de comunicación en la divulgación del conocimiento médico. También jugó un papel central en el diseño y aplicación de los instrumentos con los que medimos el impacto de los talleres y mesas de trabajo que organizamos con las diferentes organizaciones de pacientes, médicos y funcionarios de salud pública.

Los viajes a Venezuela también contribuyeron a cimentar nuestra relación personal. Largas conversaciones nos sirvieron para intercambiar notas sobre nuestras respectivas vidas: él, un egipcio que emigró a Canadá con su familia para estudiar y después de desarrollar una exitosa carrera académica; yo, un judío venezolano nacido en Marruecos que también se vino a Canadá, primero para estudiar y luego para dedicarse a la enseñanza e investigación. Un ejercicio que disfrutábamos mucho era comparar las similitudes entre la jaquetía, el dialecto judeo-español del norte de Marruecos, y el árabe. Así pasábamos el tiempo descubriendo el sentido de palabras y expresiones que vienen de la lengua árabe y que los judíos marroquíes usamos con frecuencia.

Mahmoud me acompañó en un gran momento de alegría personal cuando celebré en Caracas mis 50 años (la foto que ilustra esta nota fue tomada ese día). Allí conoció a mi papá, Jacob Nahón Z”L, con quien conversó en árabe sobre los recuerdos de Tánger y de la vida en Marruecos.

Los viajes a Caracas también sirvieron para que Mahmoud conociera a colegas de la UCAB, con quienes colaboramos en nuestro proyecto de salud de la mujer. A uno de ellos se le ocurrió llamar a Mahmoud “Rafucho”, pues podría pasar por un maracucho cualquiera. A Mahmoud eso le producía mucha gracia. La verdad es que además del trabajo de investigación en el terreno, las visitas a Caracas fueron inolvidables ocasiones para consolidar la amistad y las relaciones humanas.

En nuestras muchas conversaciones no podían faltar discusiones sobre el conflicto árabe-israelí y sobre las relaciones entre musulmanes y judíos. Debo decir que Mahmoud siempre fue muy respetuoso en su forma de abordar estos delicados asuntos.  Primero, como egipcio apreciaba el valor de la paz y destacaba la importancia de mantener vínculos con Israel, incluso en el campo académico, y particularmente en el área de los estudios en comunicación. Con respecto a las relaciones entre musulmanes y judíos, comparábamos las similitudes entre las dos religiones, y siempre intercambiábamos felicitaciones y bendiciones por nuestras respectivas celebraciones.

Mahmoud Eid me enseñó a apreciar mejor el valor de la apertura y la diversidad como algo que enriquece nuestras vidas y nos hace mejores. De él guardaré el recuerdo de su sonrisa, su sentido del orden, tanto en el plano físico (su oficina siempre estaba impecable) y en el plano intelectual (siempre preocupado por la consistencia y coherencia en las escritos y propuestas), y su entusiasmo por entablar nuevos proyectos abiertos al mundo para aprender y compartir el conocimiento.

Descansa en paz, querido amigo.


Isaac Nahón Serfaty
Ottawa, 21 de febrero de 2017

martes, 27 de diciembre de 2016

Apuntes sobre Homo Deus de Harari



Yuval Noah Harari es un joven historiador israelí que ha escrito dos bestsellers: Spiens. A Brief History of Humankind, y su más reciente Homo Deus. A Brief History of Tomorrow.  Recomiendo ambos libros que tienen la virtud de contar de forma amena, inteligente e iluminadora la experiencia humana y sus posibles futuros. Harari no hace grandes valoraciones morales. Presenta las cosas como son o como podrían ser, sin sentimentalismos.

En estas notas desordenadas quiero comentar algunas de sus afirmaciones en Homo Deus. El libro es un buen compendio de lo más reciente en lo que la biología y la cibernética nos están diciendo sobre la transformación de Sapiens y la probable irrelevancia futura de los humanos en la Tierra.

El objetivo del libro

Esta obra de Harari es una obra de “imaginación histórica” (ni utópica, ni distópica). El autor habla de “religión”, no en el sentido tradicional del término. Para él “religión” es cualquier narrativa, religiosa, política, ideológica, cultural, que pretende darle sentido a la experiencia humana. Es mejor que lean a Harari al respecto (disculpen las fotos borrosas del libro):



Sobre la identidad humana

La identidad para Harari, como ya lo han dicho otros escritores, psicólogos, filósofos, es un “cuento” que nos echamos nosotros mismos, y que es en cierta medida atemporal:




Somos “dividuals” y no “individuals”, según Harari, seres divididos por la misma constitución de nuestro cerebro:



El valor de las humanidades

En el mundo dominado por el pragmatismo tecno-comercial, Harari defiende el valor de las humanidades como la única forma de darle sentido a los cambios que estamos viviendo:



Capitalismo

Harari rescata a Marx, pero lo hace de una forma muy original. Consecuente con la premisa de la dialéctica, el historiador israelí dice que lo escrito por Marx tuvo influencia en cómo el capitalismo se adaptó a los retos que creaba la dinámica de explotación del sistema:



El capitalismo está en todas partes. Su éxito reside justamente en haber permeado todo, incluso la forma en la que jugamos (y también la forma en la que relacionan con el sistema capitalista los que dicen luchar contra él, como el régimen chavista que ha destruido a Venezuela):


Harari nota el papel que las emociones (prefiero llamarlas afectos) juegan en la economía, acabando con la ilusión racionalista que propugnan algunos economistas:



Greed and green

Siempre queremos más, dice Harari, y eso tiene sus consecuencias:



Por eso resulta tan difícil cambiar comportamientos que contribuyen directamente al calentamiento del planeta:



Religión y tecnología

La tecnología es una nueva religión, o, como dice Harari, tecnología y religión siempre han ido de la mano como una pareja con sus conflictos y sus momentos “felices”:


La religión tecnológica está transformando a Sapiens de una forma radical, lo que probablemente haga irrelevante al humano. Es de notar que esta religión, a diferencia de otras que ponían al humano en el centro de su narrativa, o al menos cerca del centro como sujeto preferido de Dios, puede desplazar a Sapiens a la periferia, haciendo de nosotros seres prescindibles:



“Dataísmo” como religión

Datos y algoritmos para calcular y manipular datos representan la nueva tecno-religión. Harari discute ampliamente el “dataísmo” y sus consecuencias:






Relocalizando a Dios y a los seres humanos

Dos citas provocadoras de Harari sobre la idea de Dios y el lugar de los seres humanos en el futuro:





Vivir para siempre

La gran aspiración humana de vivir para siempre podría resultar en algunas pesadillas. Harari las imagina con algo de humor:



Aborda un tema asociado, el de la “eterna juventud” como religión última:



Sida como éxito

Sí, Harari cree que la epidemia de Sida ha sido todo un éxito de salud pública. No porque haya matado a muchas personas (no llega a ser tan cínico), sino porque sirvió para desarrollar medicamentos y estrategias de control de la enfermedad que han servido para luchar contra otras epidemias y el reto que representa el resurgimiento de las enfermedades infecciosas:


Perspectivas sobre comunicación

Homo Deus tiene algunas observaciones agudas que resultan interesantes para los que estudiamos la comunicación.

Dos observaciones sobre la dimensión intersubjetiva de la experiencia humana, es decir la historia de la humanidad como historia de la comunicación:




También nos habla de la relación que existe entre el nacimiento de la escritura y de la moneda en el desarrollo de las civilizaciones:



Libertad

Ya dije que Harari no hace grandes juicios morales, ni tampoco se hace muchas ilusiones con respecto al porvenir de la humanidad. Relativiza el “libre albedrío” y la noción misma de libertad:



Conocer y sentir

Apunta Harari algo que la neurobiología y las ciencias cognitivas han demostrado recientemente. Conocer (es decir, el aspecto racional del conocer) implica también sentir (el aspecto afectivo/emocional de ese “conocimiento”):



Estética y política

Harari dice algo que me parece particularmente importante hoy en día, y que ya traté en un corto artículo aquí: la estética y la política son hermanas gemelas, y no siempre muestran sus rostros más “bellos”.


Chispa que enciende la pradera

La revolución es cuestión de pocos y de redes, según Harari. Para encender el fuego de la convulsión socio-política se necesitan líderes que sean capaces de generar un movimiento en redes, es decir cooperación. No son las masas anónimas ni desconectadas las que hacen las revoluciones:


Las preguntas claves

Al final del libro, Harari presenta todo un programa de investigación para las ciencias humanas y sociales. Sin querer aguarles la fiesta (recomiendo que se lean completo el libro), aquí van las preguntas que se plantea:




martes, 13 de diciembre de 2016

Transparencia/opacidad. Claridad/oscuridad

Desde hace un par de años estoy trabajando el tema de lo que he llamado la "transparencia grotesca". Sobre esto publiqué un artículo que introduce las bases conceptuales para estudiar el tema, además de analizar un caso que considero emblemático del fenómeno: un performance de Hugo Chávez Frías. El artículo se puede leer aquí.

Con la intención de explorar la cuestión de la transparencia/opacidad y claridad/oscuridad desde otra perspectiva (podríamos decir más "creativa"), hice un par de vídeos. Recomiendo ver estos vídeos en pantalla completa (preferiblemente en una computadora o tablet), y escuchar la música con audífonos.

El primero se intitula 8185. Parte de una búsqueda de claridad al final de un túnel de humedad. 



El segundo lleva por título The Things to Come. Aunque vuelve sobre el tema de una claridad que no llega, lo hace desde la posición expectante de quien busca la revelación.