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miércoles, 13 de marzo de 2024

Impresiones alemanas: judíos (2)

Dessau, la pequeña ciudad de Alemania oriental ubicada en lo que fue de 1949 a 1990 la DDR comunista, tiene una historia judía. Ahora no quedan prácticamente judíos allí, aunque hay una pequeña comunidad compuesta por los que se conocieron a finales del siglo XIX y principios del XX como Ostjuden (judíos del este) que llegaron desde la disuelta Unión Soviética. De ellos hablaré un poco más adelante. 

En Dessau nació el filósofo Moses Mendelssohn (1729-1786), propulsor de la Haskalá  (Iluminismo o Ilustración) que pretendía reconciliar el desarrollo cultural y filosófico de la naciente modernidad con la tradición judía. Para algunos, Mendelssohn sería el padre del “asimilacionismo” (él mismo respetaba la Torá) que después tendría consecuencias terribles para los judíos alemanes que, extremadamente confiados de su “alemanidad”, no pudieron escapar del genocidio perpetrado por las nazis.  Mendelssohn, se argumenta también, es de alguna manera un precursor del sionismo, en la medida en que proponía una participación política de los judíos, lo que inspiró a Herzl y otros asimilados como él a elaborar una ideología nacionalista para lograr la autodeterminación judía. Hoy hay un busto de Mendelssohn en un parque de Dessau (ver foto). 

Busto de Mendelssohn en el Stadtpark en Dessau.

En el siglo XVIII Dessau dio muestras de apertura hacia los judíos. Cuando el Príncipe Leopoldo III Federico Franz de Anhalt-Dessau (1740-1817) mandó a erigir los hermosos jardines de Wörlitz (ver fotos) al estilo inglés, ordenó que se construyera una sinagoga (inaugurada en el emblemático año de 1789) con su respectivo mikvé (baño ritual). El edificio circular de la sinagoga y el mikvé siguen en pie (ver fotos), porque un cuidador del parque evitó que los nazis lo destruyeran en tiempos del Tercer Reich.

El Wörlitz Park, con sus jardines al estilo inglés.



La sinagoga inaugurada en 1789 en el Wörlitz Park.

La pequeña puerta que conduce al mikvé (baño ritual)

Hoy en día, Dessau trata de reconciliarse con su pasado judío. En 2023 se inauguró la Neue Synagoge (la Nueva Sinagoga o Sinagoga Weill). Para su construcción contribuyeron las iglesias católicas y protestantes de la ciudad, el gobierno federal alemán, el gobierno municipal y otras organizaciones judías y no judías de Alemania (ver vídeo y foto). Asistí al servicio de Kabalat Shabat el viernes por la tarde, dirigido por un hazán (oficiante o kantor en alemán) que explicó la parashá (porción de la Torá) de la semana a los congregantes en ruso. Los asistentes al servicio de bienvenida del Shabat eran en su totalidad de la antigua Unión Soviética, la mayoría rusos y algunos ucranianos. El pequeño grupo de congregantes estaba compuesto por hombres y mujeres de una cierta edad. No vi a ningún niño o joven entre los participantes. Fueron muy amables conmigo, y se interesaron en saber de dónde venía y qué hacía en Dessau.


La Neue Synagoge en Dessau.


Un panel cerca de la Nueva Sinagoga
cuenta la historia de la casa del hazán,
ubicada en el barrio judío de Dessau.

Monumento en memoria de los judíos asesinados
por los nazis cerca de la sinagoga.

Desde 2015 se celebra en Dessau el Kurt Weill Fest. Kurt Weill fue un compositor judeo-alemán que creció en el barrio judío de la ciudad que era conocido como Sandvorstadt. Su padre, Albert Weill, era el hazán (kantor) de la sinagoga local. Weill emigró ante la llegada al poder de los nazis en 1933, primero a Francia y luego a Estados Unidos. Su composición más conocida, escrita en colaboración con Bertolt Brecht, es la Ópera de tres centavos. 

En el festival de este año el programa incluyó el poema para violín y orquesta Yizkor (Memorial) del compositor judeo-alemán Paul Ben-Haim (originalmente Frankenburger), quien emigró a la Tierra de Israel (entonces Palestina bajo mandato británico) en 1933. La composición de 1942 comunica un lamento casi profético ante el exterminio de los judíos en Europa que entonces no era conocido por el mundo y que no había alcanzado los niveles de horror que después alcanzaría. La interpretación estuvo a cargo de la violinista Liv Migdal (nieta de dos sobrevivientes de la Shoá) con la orquesta de Dessau.

El programa del Kurt Weill Fest de 2024.
Dice: "Brillar en la sombra"

La cuerda en casa del ahorcado

En Alemania está prohibido por la constitución usar los símbolos nazis, hacer la apología del nazismo o negar el Holocausto. Pero hay quien encuentra la forma de darle vuelta a la prohibición. Así lo hicieron activistas pro-Palestina en plena Alexanderplatz, el punto más transitado de Berlín. Un sábado con gran flujo de circulación de personas, en medio de la plaza rodeada de centros comerciales (el más conocido es el inmenso Alexa), con banderas Palestinas ondeando, tenían varios carteles en el suelo. Uno de ellos decía lo siguiente (ver foto): “Adolf Hitler se inmortalizó como el más grande criminal de la historia. Nelson Mandela se hizo un nombre como uno de los grandes en la lucha contra el racismo. Y usted, Annalena Baerbock (nota: es la ministra de Relaciones Exteriores de Alemania), ¿cómo pasará su nombre a la historia?”. Otro cartel decía (ver foto): “Israel adelanta una guerra de hambre contra la población civil en Gaza”. Haga usted la ecuación mental: mencionar a Hitler en pleno corazón de Berlín, acusar a Israel de matar de hambre a los palestinos. Hay formas de nombrar la soga en casa del ahorcado y “pasar agachado”.

Propaganda pro-Palestina en pleno corazón de Berlín.



En Dessau vi pegantinas y grafitis contra Israel y a favor de los palestinos (ver fotos). Una decía: “Gaza. Feministas por Palestina”. Una pintada: “Resiste la ocupación sionista”.  




Una observación adicional. También en Dessau hay grafitis y calcomanías contra los nazis (ver fotos).

Dice: "Dessau libre de nazis"



Primera entrega => Impresiones alemanas: transición/cambio (1)      


sábado, 29 de mayo de 2021

domingo, 16 de mayo de 2021

Sobre una foto de un palestino herido en Gaza y Jesús muerto en brazos de María

La leyenda de la foto de la agencia de noticias AP que llega desde Gaza dice (traduzco del inglés): “Rescatistas palestinos extraen a un sobreviviente bajo los escombros de un edificio residencial después de los bombardeos mortales de la aviación israelí en la Ciudad de Gaza, el domingo, 16 de mayo, 2021. Los bombardeos aéreos destruyeron tres edificios y mataron al menos a 26 personas el domingo, dijeron paramédicos, lo que lo hace el ataque más mortal desde que fuertes combates comenzaron entre Israel y los gobernantes del territorio, el grupo militante Hamas, hace ya casi una semana (Foto de AP/ Khalil Hamra)”.
Esta foto provocó el siguiente comentario en Twitter de la profesora MarujaTarre, reconocida internacionalista y politóloga venezolana: “Aunque se ponga furioso quien se quiera poner, este es el rostro lleno de dolor, de Jesús”. 

Vamos a analizar lo dicho por la profesora Tarre. Primero, siente la necesidad de hacer una aclaratoria antes de afirmar la impresión que le ha causado la foto. Probablemente se estaba refiriendo a discusiones  que ha sostenido por Twitter con algunas personas (incluyéndome) debido a comentarios que hizo sobre la política del gobierno israelí y del conflicto con los palestinos. Pero en su advertencia también está la clara conciencia (ella conoce muy bien la historia de las relaciones entre cristianos y judíos) que su referencia a Jesús tiene otras implicaciones al referirse al Jesús de la pasión y muerte cuando se habla de una imagen que muestra a un palestino herido por los bombardeos del Estado judío. 

¿Expresa la profesora Tarre un sentimiento antijudío en su comentario? No necesariamente. Sin embargo, ni la historia ni la cultura (lo que incluye a las religiones) se borran tan fácilmente del inconsciente de las personas y de los colectivos. La tentación de referirse a Jesús en el marco del conflicto israelí-palestino es muy grande. Primero, Jesús nació, vivió y murió (y para los creyentes, resucitó) en la tierra donde se producen estos enfrentamientos. Segundo, Jesús era judío por nacimiento (nació en Belén que queda en Judea) y por religión (aunque algunos hoy prefieran llamar a Jesús “palestino”). Tercero, Jesús tuvo un enfrentamiento con las autoridades religiosas judías de su época, lo que según los relatos de los Evangelios condujo a su condena y crucifixión por parte de la autoridad política imperial romana. 

La teología cristiana se fundó en la premisa según la cual los judíos no aceptaron al Salvador, y que, peor aún, lo rechazaron, entregándolo a los romanos para que lo mataran. Eso implicó que la antigua alianza, la que Dios había sellado con Abrahán y sus descendientes, quedara anulada, y que una nueva alianza había nacido con la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús, el Mesías e Hijo de Dios, según la creencia cristiana, adoptada después por el Imperio Romano como religión oficial. Lo que vino después es conocido. Una larga historia de persecuciones, masacres y humillaciones cometidas por cristianos contra los judíos en nombre de su religión del amor. 

Volvamos a nuestra imagen. La profesora Tarre dijo que el hombre palestino rescatado de los escombros le recordó a La Pieta de Miguel Angel, la escultura que presenta a María con su hijo muerto en sus brazos. Esta escultura es una imagen de una gran fuerza expresiva y estética, pero sobre todo condensa un mensaje teológico: la Virgen María comunica el dolor de la Madre de Dios ante el cuerpo sin vida de su hijo, que ha sido sacrificado para salvar a la humanidad. Y de forma arquetípica también comunica el dolor de toda madre ante la muerte de un hijo. 

En la mente de la profesora Tarre se hizo la siguiente asociación: palestino herido rescatado de los escombros = Jesús muerto en los brazos de María. También podría hacer invocado muchísimas otras imágenes del arte europeo donde aparece Jesús sufriendo en la cruz o ya muerto sobre la loza en la que lavaron su cuerpo antes de llevarlo a la cueva donde habría resucitado tres días después. El palestino que se ve en la foto de AP tiene características que lo asemejan a la iconografía cristiana de Jesús. Es delgado, tiene barba, el pelo largo, y lleva sobre su cuerpo los "estigmas" de las heridas provocadas por el bombardeo israelí. 

A la asociación que hizo la profesora Tarre le faltó un eslabón que resulta bastante obvio para cualquiera que conozca un poco la historia del cristianismo y de sus relaciones con los judíos: palestino herido = Jesús muerto = ambos son víctimas de los judíos (antes y ahora). Es probable que la profesora Tarre no haya querido llegar tan lejos con su breve comentario, pero la advertencia que hace antes de presentar el paralelismo con Jesús expresa lo que en francés se denomina “qui s’excuse, s’accuse” – quien se excusa, se acusa. 

En ocasiones lo que comunicamos tiene dos niveles de lectura: uno explícito y otro implícito. El explícito en este caso, es que la profesora Tarre anuncia que va a decir lo que piensa sin importarle la reacción de quienes se puedan sentir ofendidos. El implícito es que “si a los judíos no les gusta, igual lo voy a decir”. Y después de hecha la aclaratoria va su comentario central: el palestino es igual que Jesús, lo que implica en el imaginario de mucha gente (especialmente los formados como cristianos) “el mismo Jesús que los judíos crucificaron”. 

Problemas factuales, implicaciones simbólicas 

En la asociación explícita e implícita que ha hecho la profesora Tarre con su comentario hay varios problemas. Uno es factual. No sabemos todas las circunstancias que rodearon al palestino herido. Como dije anteriormente, su apariencia se asemeja a representaciones clásicas al Jesús de la Pasión o muerto, pero desconocemos su identidad, de dónde fue rescatado, qué hacía en ese lugar (¿vivía allí? ¿trabajaba allí? ¿es una víctima civil o un combatiente?). Se me dirá que igual es un ser humano que sufre, sea cual sea su papel o su situación con respecto al conflicto. Es cierto. Pero en el terreno simbólico, a pesar de que la imagen de AP es la de una persona herida, su “cristificación” tiene una serie de connotaciones. Una de ellas es religiosa, pues como dijo la propia profesora Tarre, para los cristianos allí donde hay una persona que sufre está Jesús. Y otra es política (o si se quiere histórico-política): los judíos (representados por el Estado de Israel) vuelven a matar a Jesús cuando matan a los palestinos en Gaza. Un comentario al margen, pero relevante para este análisis, es que otra imagen que produce un efecto similar en muchas personas es la del cadáver del Ché Guevara rodeado de militares bolivianos. Allí también se dio un proceso de “cristificación” del Ché como héroe revolucionario.
Estos comentarios en Twitter no se dan en un contexto de simple asociación con la iconografía religiosa cristiana. Se dan en un marco en el que se ha registrado un incremento de expresiones antijudías por el conflicto entre Israel y los palestinos. Esos comentarios vienen tanto de la izquierda como de la extrema derecha, además de los islamistas. Y aunque no sea el caso de la profesora Tarre, el clima de opinión provocado por este conflicto lleva a que muchas personas cuestionen la existencia misma del Estado de Israel, carguen toda la responsabilidad sobre los judíos israelíes, tiendan a olvidar las posiciones extremas de Hamás que niega el derecho de los judíos a ejercer alguna soberanía sobre ese territorio (aunque sea parcialmente), e ignoren que los islamistas palestinos en Gaza se han armado con la ayuda de Irán y de otros factores para una guerra de largo aliento con Israel, lo que implica el bombardeo con cohetes, morteros y misiles cada vez más sofisticados contra los civiles israelíes. 

La tentación de hacer paralelismos religiosos en este conflicto que se escenifica en Tierra Santa está a flor de piel. Solo basta una imagen con un alto poder emocional, como la de AP, para evocar a una figura con tanta carga simbólica como Jesús. Otros podrán pensar en los mártires que se sacrifican por una causa "noble y superior", especialmente los islamistas. Algún judío podría asociarlo con la rivalidad  bíblica entre Isaac e Ismael, ambos hijos de Abrahán, que tuvieron sus diferencias desde que eran niños. Estas asociaciones son peligrosas. Contribuyen a reforzar prejuicios y estereotipos, que son, de alguna forma, responsables de resentimientos que no ayudan a superar los conflictos.

PS: El estudio de imágenes en la propaganda terrorista, la política y la salud pública es parte de un programa de investigación que inicié hace ya unos años sobre el papel de las emociones y lo sensible (referido a los sentidos) en la comunicación pública. Publiqué un primer libro sobre el tema intitulado Strategic Communication and Deformative Transparency. Persuasion in Politics, Propaganda, and Public Health (Routledge, 2019). También publiqué un artículo de mi investigación sobre el uso de imágenes con connotaciones religiosas en la comunicación política de Hugo Chávez. Ahora estoy trabajando en un análisis de representaciones visuales de la naturaleza y de los animales no humanos en los discursos ambientalistas y animalistas.  

sábado, 17 de abril de 2021

Identidades ocultas y afirmadas: de la Inquisición al Holocausto

Esta es la charla que di por invitación del Centro de Estudios Sefardíes de Caracas sobre lo que he llamado la conciencia dividida y la identidad judía. Sinopsis: La idea de abandonar el judaísmo ha estado presente en la historia, desde los tiempos de los Macabeos, las conversiones en España y Portugal en el Medioevo o los movimientos asimilacionistas en la Ilustración europea. Sin embargo, en estos tiempos de identidades fluidas, donde hay quienes que se reclaman sefardíes para obtener la ciudadanía española o portuguesa, y quienes redescubren su pasado judío que sus padres trataron de enterrar, las opciones sobre cómo recordar u olvidar su judaísmo se multiplican. ¿Cómo entender estas identidades fluidas cuando todo fluye: el género, las etnias, la misma concepción de la familia? Aunque no haya respuestas claras, en esta charla abordamos el tema con una perspectiva amplia.

viernes, 3 de julio de 2020

Relato breve: Shabat de cirujanos


Los ojos decían mucho. Algunos inclinaban sus cabezas dando la bienvenida. Otros hacían un esfuerzo con la vista para reconocer a alguien que llegaba un poco tarde. La mayoría permanecía en silencio. La verdad es que no era silencio. Más bien murmuraban plegarias con la cabeza baja. Uno que otro hacía un movimiento fugaz como buscando la mirada cómplice en el límite de los dos metros de su pequeño territorio. Seguro que había alguien que escondía una sonrisa que los otros no captaban. E incluso, había alguien que hablaba consigo mismo con un susurro casi inaudible desde las distancias. De vez en cuando unas pupilas se posaban sobre un reloj pulsera. Y una mano sacaba un pañuelo del bolsillo para secarse el sudor de la frente. Todo resultaba un poco sofocante, pero no hubo pánico. Como si hubieran recibido un entrenamiento especial o ya se hubieran acostumbrado a la nueva rutina, que incluía el uso de guantes de látex para abrir la puerta de la entrada (guantes que debían desechar inmediatamente después de usarlos). Al finalizar hubo un momento de excitación. Quisieron acercarse, salir de los micro territorios, preguntar cómo estaban sus respectivas paces. Pero uno advirtió que debían mantenerse alejados. Se desplazaron siguiendo la flecha que señalaba la salida. Ya en la calle, las mascarillas eran retiradas con cierta impaciencia. “Shabat de cirujanos”, pensó mientras el aire cálido acariciaba su rostro.

domingo, 5 de enero de 2020

Realidad y ficción: un agente iraní en La Conjura del Esplendor

La novela se mezcla con la actualidad

A veces la realidad y la ficción se confunden. En 2016 Meyer Magarici (Meir Magar) e Isaac Nahon publicamos La Conjura del Esplendor, una novela que escribimos a cuatro manos. En el texto se mezclan la historia, la fantasía y la conspiración internacional, con espías y agentes de servicios secretos y milicias. Un personaje de la novela es el iraní Daud Mohadesh, miembro de la Fuerza Quds, como lo era el recientemente asesinado Soleimani. Aquí pueden leer un capítulo donde aparece el iraní:

LA OSCURIDAD QUE ALUMBRA

Daud Mohadesh vio la luna que brillaba alta y redonda sobre el Valle de la Becá. Como se creía poeta, hilvanó unos versos en su lengua materna - el farsi - sobre el resplandor de la oscuridad. Sabía que esa luz no venía del astro que marcaba su calendario, sino del Creador del Universo, el Más Grande, Alá el Misericordioso. Estaba lejos de casa, pero la luna era la misma, y la lucha también.
Acarició el AK47 que tenía sobre las piernas. Se percató que era de un negro brillante bajo el influjo de la misteriosa dama de la noche. Empezó a tararear una melodía de una canción que escuchó en sus tiempos de estudiante en Oxford: “I’ve been followed by a moon shadow, moon shadow, moon shadow…”. La cantaba Cat Stevens, un artista pop que bebió en la fuente de la Verdad y reconoció que no hay otro Dios que Alá y Mahoma es su enviado. Ahora se llama Yusuf Islam.
Había llegado al Líbano hacía un par de años. Su misión era servir de liaison con Hezbolá. Tenía ambiciones. Sin embargo, era un obediente servidor del Ayatolá Imranei. Siguiendo las enseñanzas de su Maestro entendía que la misión iba más allá del país de los cedros. Al sur estaba ese “cáncer sionista”, el pequeño Satán.
- No seas impaciente, Daud. El tiempo de Alá es perfecto. Yo te diré cuándo es el momento propicio para actuar – le dijo el Ayatolá Imranei cuando le asignó la misión con el Ejército de Dios.
Daud sentía un cosquilleo, un frenesí cuando rumiaba su furia sagrada. Recitaba enseguida un verso del Corán para recobrar la necesaria compostura propia de un soldado de Alá: “Creyentes; Combatid contra los infieles que tengáis cerca. Que os encuentren duros. Sabed que Dios está con los que Le temen”. Su mente podía ir lejos, imaginarse grandes proezas, batallas, sacrificios, martirologios. No era, sin embargo, él quien decidía. Su jefe directo era Nasrallah, Imam y Comandante Supremo de Hezbolá. La estrategia ahora - le había explicado - era enfocarse en el frente sirio donde seguía actuando el Estado Islámico, el otro enemigo. Al “cáncer sionista” lo mantendrían a raya.
- Los judíos aprendieron su lección después de la última guerra. Saben que el precio que pagarán si nos invaden será alto – razonaba Nasrallah-. Daud, tu ayuda es muy apreciada por nuestros hermanos sirios. Ese debe ser tu foco.
El persa – así lo llamaban los combatientes libaneses – veía las cosas de otra manera. La liberación de Palestina cambiaría todo el cuadro de la región. La conquista de Al Quds (Jerusalén le dicen los infieles) daría un giro de 180 grados a la situación. Su plan no era el producto de una mente afiebrada. Había estudiado historia del Medio Oriente en Oxford. Conocía al dedillo las guerras, los triunfos y las derrotas de los musulmanes. Admiraba a Salah ad-Din (Saladín) el Sultán. Despreciaba a quienes embrutecieron a los creyentes, los mantuvieron pobres e ignorantes, y se aliaron con los colonialistas. Y después llegó el sionismo, la punta de lanza de Occidente para acabar con el Islam. Los judíos se victimizaron, manipularon la historia de la Segunda Guerra Mundial, usaron su poder financiero y mediático, y convencieron a los imperios para que los apoyaran en su vicioso plan de control del Medio Oriente.
Hizo un rápido cálculo mental. Palestina estaría apenas a 60 kilómetros desde donde estaba sentado, menos de una hora en automóvil. La noche era clara. Era el mismo cielo, las mismas estrellas que cubrían ese todo que debería ser una Unidad Perfecta, el Dar al Salam, la Casa de la Paz. No se hacía ilusiones, no pensaba que los creyentes comunes y corrientes estarían dispuestos a hacer lo necesario para lograr extirpar ese cáncer. Como buen chií estaba convencido que esta será la misión del Majdi, el redentor del islam que reinará antes del Día del Juicio Final.
Volvió a mirar la luna que destellaba en el cielo oscuro. Su vena poética le sacó de los labios unos versos sobre la Noche de la Redención, del Majdi que permanece escondido en esa oscuridad luminosa antes de revelarse al mundo. “¡Ya está entre nosotros, pero nosotros no lo merecemos…! ¡Oh creyentes! ¡Vuestros méritos traerán la luz del Majdi…! ¡Oh creyentes! Póstrense ante Alá, el Más Grande, quien removerá el velo que tapa vuestros ojos para que veáis a su enviado, la paz sea con él…”. Los versos incrementaron el cosquilleo, su frenesí. Estuvo tentado de apretar el gatillo y disparar al aire, pero no quiso perturbar a quienes todavía dormían en la casa de adobe. Pronto el mu'aḏḏin llamaría a la plegaria de la mañana.

La novela está disponible en Amazon.

domingo, 2 de septiembre de 2018

Pequeña Hermana (Ahot Ketana)


Querida familia, queridos amigos:
Esta es la segunda entrega de una tradición que iniciamos el año pasado mi primo Rafael Encaoua Serfaty y este servidor de presentarles los piyutim que cantamos en Rosh Hashaná los judíos sefardíes. En esta oportunidad se trata del hermoso poema litúrgico Ahot Ketana (Pequeña Hermana) de Rabí Abraham Hazán (Gerona, siglo XIII). La traducción al español es de Rafael. Esta vez contamos con la voz de mi esposa Cheryl Riera. Yo recité el poema e hice el diseño sonoro y la mezcla. Si tienen paciencia, los invito a escuchar la grabación hasta el final para disfrutar una extraña versión en jazz de la melodía del piyut interpretada por Jacques Schwarz-Bart (saxofón) y Gary Dourdan (voz). Que empiece el año con sus bendiciones
תָּחֵל שָׁנָה וּבִרְכוֹתֶיהָ



domingo, 18 de marzo de 2018

Being a Sephardi Moroccan Venezuelan Canadian Jew: A case of multiple identities



Everybody is obsessed with identity these days. People look deeper to find their roots. They have their DNAs checked by ancestry.com or geni.com to find out their genetics mix (because we are all the result of a mix –there is no “racial” purity fortunately – but we – the humanity - seem to come from the same parents, as shown by a recent study published in Science journal). There is identity politics and its subdivisions: gender, religious, language politics. Certainly we, Jews, have been obsessed with our identity, either from within but mainly from outside, particularly when those who wanted to destroy us had a supposedly “clear” answer to the question “Who is a Jew?” I won’t try to answer this question – I prefer to leave it as an open question -. Instead I propose to explore the multiples dimensions of identity, and I will try to do so with the case I think I know the better, my own case as a Sephardi Moroccan Venezuelan Canadian Jew.

The Argentine writer Jorge Luis Borges said in a lecture about James Joyce and the Irish culture –  he was quoting the Norwegian-American sociologist Thorstein Veblen – that the intellectual pre-eminence of Jews in modern Europe was mainly due to the fact that the Jews in the Western world were dealing with a culture that was not theirs, a culture to which they did not profess any “loyalty” (here I am quoting Borges), a culture that they could approach without superstitions, and in many occasions, with a revolutionary aim.  Without pretending to answer the question Who is a Jew, I can say - based on Borges and Veblen’s points of view – that we are is this double and even ambiguous position in society that allows us to have a look at the same from inside and from outside, with a certain detachment, but also with a certain nostalgia or saudade (as the Portuguese say).

I will explore today two dimensions of this multiple Sephardic Moroccan Venezuelan Canadian Jewish being: the language (or the languages I should say), and what I call the “painful identity”.

The languages

It always seemed to me that the title of the first volume of the memoirs of the Literature Nobel Laureate Elias Canetti, The Tongue Set Free (that could be translated alternately in French as La langue sauvée), referred to the German, the language in which this Sephardic Jew born in Bulgaria wrote his books. Canetti himself explains the title in the first chapter of his memoirs, based on a childhood memory in which a man, the lover of his nanny, threatened to cut off his tongue. The absolved tongue (langue in French or lengua in Spanish) represents the physical organ that the writer "saved" from that man's razor that, with that intimidating gesture, ensured the child's silence (Tomás Eloy Martínez preferred to call this book La lengua salvada or The Saved Tongue/Language). But in the field of interpretations, we could say that Canetti "saved" and "acquitted" the German, the language of the Nazi executioners, as a gesture of reaffirmation and victory. One of his other languages ​​was Ladino (he also spoke French and English), which he called the "language of the kitchen" (la lengua de la cocina), a language that he learned as a child from his mother, a proud Sephardic Jew who thought that her Spanish origins gave them a certain aristocratic character.

I was born in Tangier, Morocco. My parents were born in Tetouan, a small city near Tangier. They are the daughter and son of tetaunis, Jews descendants of those expelled from Spain in 1492. It is probably that my ancestors (Nahon, Serfaty, Laredo, Israel, Abudarham) came to Tetouan from the town of Naon in Oviedo, and Granada, and it is also very probably that they arrived in Morocco at the same time that the moors expelled from Andalusia.

There was an important cultural difference between these two groups of expelled people, or “megorashim” as we say in Hebrew.  The moors kept their language (the Arab) and continued to develop a culture and institutions in their language.  But we, the Sephardic Jews had a particular link with Spain, the Spanish language. Isolated from the rest of the world, those Jews kept this language as a treasure with a mix of nostalgia and pride. The romances, a form of poetry born in Spain that we assimilated and kept in the form of folk songs, express very well this feeling of nostalgia, of homesick, of the cities, the landscapes, the flavours, the music of this country that did not like us, a country that meant also suffering, death and destruction for the Jewish people. This is a strange love affair, a love affair that has the language as its most precious object. That’s why my grandmother sung and even today we sing romances like this one: “En la ciudad de Toledo, en la ciudad de Granada, vivía un mancebo que Diego León se llama …” (in the city of Toledo, in the city of Granada, used to live a young man called Diego León). 

The Spanish was also a mean to express our religious life. There is something in the judeo-español, our particular form of ancient Spanish called Haketía mixed with Hebrew and Arab, that communicates an extra dimension to the prayers and texts of our tradition. A good example of this is the Pesach Hagadah. For me is very important that after saying in Aramaic “Ha lahma hanya di ahalu abahatana dearha demisrayim…”, to recite the judeo-español translation, that is more than a translation, a text that captures the very essence of Pesach as Zeman Herutenu, the Time of our Liberation. And I read as my grandfather and my father did every Seder: “Este es el pan de la aflicción que comieron nuestros padres en tierra de Egipto. Todo el que tenga hambre que venga y coma…”. 

We moved to Venezuela when I was six years old, in 1968. The Spanish language, the language we cherished, this treasure we carry everywhere we go, helped us to make the connection with this wonderful and now troubled country where the Spanish is spoken with the flavour (el sabor) of the people from the Caribbean. In some way, we never felt like strangers in this new land. As my mother said when she saw for the first time the Venezuelans in the La Guaira Port: “It seems that we never left Tangier”. The Mediterranean, the Caribbean, the Moroccans, the Venezuelans, these mestizos peoples, and the experience, so common to us in our history of wandering people, of hybrid cultures, of being a people among the peoples.

But there is a Jewish language that transcends the Ashkenazi / Sephardic division, and that communicates something that is uniquely Jewish beyond the language through which is conveyed, either Hebrew, Yiddish, Ladino, French or English. There is a scene from Seinfeld that summarizes for me what could be the "Jewish language" par excellence. Jerry's father, who is spending a few days in New York, calls a friend in South Florida (where the old American and Canadian Jews go to retire), who reacts to the unexpected call by asking with a very Jewish cry: " Who died?". The call was not to announce the death of anyone, but to ask a favor. But in the Jewish code "Who died?" says a lot about that way we Jews talk, no matter our origins and languages.

The Seinfeld scene, which reflects the interaction between two typically American Jews, and probably Ashkenazi New Yorkers, could have been perfectly played by two Moroccan or Turkish Jews. The Jewish code, fed by a series of common imaginaries that make up the Jewish thinking and feeling, has a certain universality that even overcomes the barriers of time. In some passages of the Bible and the Talmud, to mention two canonical texts of Judaism, we already find some passages that could have been written by Woody Allen, the Marx brothers or Larry David. For example, in an exchange between the sages around the story of the Tower of Babel collected in the Midrash (legends or stories that complement the biblical narrative) is told, describing the fact that God "came down" to see the construction of the tower, the following: "Rabbi Shimon ben Yochai says: this represents one of the ten descents mentioned by the Torah (made by the Holy One, Blessed be He, to the Earth). 'That the sons of man had built'. Oh well, and what they would have said, Rabbi Berechia exclaimed, that they were the children of a donkey or a camel!"

Going back to Borges and Velben, we can say that the Jewish language, embedded in the languages of our many diasporas, has this duality of memory and irony, and if you want cynicism, that connects us with the past and also provides us with the necessary critical look about the world and the human beings.

Painful identity

Another universal Jewish experience is what I call the “painful identity.” Identity is not purely positive affirmation, it is also conflict or “déchirement” as we say in French. The expression “painful identity” came to my mind when Daniel Shoer Roth, now a journalist in Miami's The New Herald, told me a very revealing anecdote of the twists and turns of Jewishness. A few years ago, Daniel wrote a book about five great Jewish-Venezuelan journalists: Gustavo Arnstein, Alicia Freilich, Paulina Gamus, Carlos Guerón and Sofía Imber. One day a renowned Venezuelan editor and columnist, whose name I won’t disclose, complained to Daniel because he had not included him in the book. Daniel answered with surprise: "I never thought you would consider yourself as a Jew." But identity is a changing and deeply emotional thing. Who knows if this editor and columnist, who at another time in his life chose to avoid identification with the Jews, over the years felt a need to express his Jewishness.

As you know, Spain passed a law two years ago to give the Spanish citizenship to the descendants of the Jews expelled in 1492. I don’t know how many Sephardic Jews have applied for the citizenship, but I do know that many Venezuelans who were barely aware of their Jewish origins have applied to become Spaniards. Individuals bearing the names Maduro (yes, Maduro as the current Venezuelan president), Capriles (as the leader of Venezuelan democratic opposition), De Sola, Ricardo, Mendoza, Benatuil, Curiel, Nunes, from families that long time ago assimilated and became Catholics, remembered suddenly that their ancestors came to Venezuela via Curaçao, from where they arrived as Spanish-Portuguese Dutch Jews, the same families that in the XVII Century arrived to New Amsterdam (today New York) and founded the Congregation Shearith Israel, the Spanish-Portuguese synagogue, in 1654. And these Venezuelans found suddenly their Sephardic connection to obtain the Spanish citizenship to flee the hell that is Venezuela today, the country with the highest inflation rate in the world (14,000 per cent projected for this year, according to the FMI), crime out of control, and scarcity of medications and food.

Another case of “painful identity” that I documented in an article I co-wrote with my friend Néstor Garrido, is the one of Venezuelans who converted to Judaism and decided to move to Israel amidst this horrible crisis. As in many other countries in Latin America (Peru, Colombia, Bolivia), former Evangelical Venezuelans converted to Judaism and decided to make aliah, but they have faced many hurdles, some internal (there is no Israeli consulate in Venezuela because president Hugo Chávez broke diplomatic relations with Israel) and some external (they also faced some problems associated with the politics of conversion in Israel). 

The Jewish community in Venezuela is facing something that we have seen in other once prosperous and vibrant communities in Morocco, Egypt, Lebanon, Poland or Germany. They are in the process of decline in the middle of a terrible crisis that is affecting all Venezuelans without distinction of religion or origin. I won’t say that the community is facing antisemitism, but the anti-Israeli politics of the current regime has certainly introduced the “Jewish question” into the public sphere, in a country that welcome the Jews after the war and where Jewish institutions (schools, synagogues, social and sport centers, museums) flourished. I would like to mention specially the important role that the Centro de Estudios Sefardíes de Caracas (the Center of Sephardic Studies in Caracas) has played in the diffusion of our Sephardic heritage through conferences, concerts, recordings, books and the journal Maguén-Escudo.

But I don’t want to finish this presentation on a negative note. I want to highlight many of the positive things of the Venezuelan Jewish community, its contributions to science and arts, and its achievements in promoting and enriching our Sephardic legacy. For example, the only Venezuelan Nobel Prize of Medicine is the Sephardi Baruch Benacerraf, whose family migrated to Venezuela from Tetouan, Morocco. Or the case of the filmmaker Margot Benacerraf who won the Critics Prize at the Festival of Cannes for her movie Araya. Or the wonderful novel by Isaac Chocrón, Rómpase en caso de incendio (Break in case of fire), where a Venezuelan Jew returns to Morocco looking for his multiple identities; the recordings of Esther Rofé where she sings the wonderful Spanish romances that we cherished so much; the liturgical recordings of Moisés Serfaty; the translation into modern Spanish of the Haftaroth by Rafael Encaoua and David Suisa; the Letter (La carta) that Lucy Garzón wrote in Haketía, a wonderful piece of Jewish humor; the Sephardic Week Festival organized by Moisés Garzón, Jacob Carciente, Amram Cohén, Abraham Botbol, Abraham Levy, Isaac Benarroch, Aquiba Benarroch Lasry, Miriam Harrar, Priscilla Abecasis, Alberto Moryusef, among many others. I can go on and on mentioning many other accomplishments. I just want to thank Limmud Ottawa for giving the opportunity to talk about this community that is facing today many challenges, but is always fighting to keep alive nuestro corazón judío, our Jewish heart. Gracias.




*Talk presented at Limmud Ottawa on March 18, 2018.